¡Momento! -dije al Viento- es hora de poner un grito de desesperación en tu espacio. Te pido permiso para quebrantar tu silencio.
Anda, hazlo -decía el Viento -.
No, lo he olvidado, la luz molesta hasta el más inspirado; quisiera gritarle al Sol para pedirle clemencia… vive lejos y no me escucha.
-La Tierra me habló- olvida a esa enorme bola arrogante, siempre queriendo estar por encima de nosotros, y muy lejos, según, nunca tiene tiempo para escucharnos, pues dice que el tiempo no le es suficiente; yo pienso que sólo le gusta hacer lo que quiere.
Yo te puedo ayudar –me seguía hablando la Tierra- pero necesito al amigo Viento ¿qué dices amigo Viento? Mmmmm –el Viento soplaba pensante- en qué puedo ayudar, no se hacer otra cosa más que soplar.
-La Tierra replicó- tu talento es soplar, de ti depende saberlo usar. –Gira su mirada, y me observa cómo pensando en lo que desea decirme- tú, ve y toma esa pequeña Rama medio seca, cava en mí, introduce el tallo y vuelve a taparlo, nomás no la aprietes. –La Rama agonizante gritaba aterrorizada- ¿no les parece suficiente el dolor que padezco? Estoy muriendo, déjenme en paz.
Calla rama, y tú no hagas caso, métela en mi cuerpo, pero hazlo con delicadeza –dirigiéndose a mí la tierra-.
¡Aaaah! Duele.
¡Te dije que lo hicieras con cuidado! Estás haciendo sufrir a la rama.
Lo siento –le dije-.
Todos ustedes son iguales, viven, cómo si fueran los únicos con necesidades y sentimientos –yo sólo agachaba la cabeza e intentaba acomodar con más cautela, mientras la Tierra me regañaba-. No se por qué te ayudo, pero tengo que hacerlo, estoy para servir y no servirme.
-Justo cuando terminé de acomodar a la Rama, la Tierra exclamó- Viento, es hora de que hagas tu parte, sopla, y llama a la prima Nube, busca la más gris y tráela aquí. –En eso el Viento rompió su silencio, sopló, y a la vez dijo- ahhh, ya entiendo, lo haré con todo gusto.
-Pasó un rato, antes de que el Viento trajera a la nube, que se resistía y decía- Déjame… ¿Por qué me traes aquí? Me has apartado de mis hermanas. –A lo que el Viento respondió- necesitamos de tu ayuda, nuestra amiga Tierra necesita de agua para alimentar a la agonizante rama que ves ahí. ¿Aceptas?
Bueno, no tolero ver sufrir, así que si me permiten un momento y tomando la oportunidad de que el sol está más presumido que de costumbre, tomaré otro poco de vapor, me hace falta más carga, sólo te pido Viento, dejes de soplar, pues no permites al Sol calentar lo suficiente, así tardaremos menos.
-Después de pasadas unas horas la somnolienta Nube despierta, más oscura que hace un rato- Bien, creo que ya es hora, así que quién no se quiera mojar, que se aparte. –Por varios minutos soltó un torrente, cubriendo al Sol durante ese tiempo, sólo se veían a los animales y muchas personas huyendo de las gotas, en busca de refugio-.
-Pasado el tiempo, la nube dijo- He terminado mi favor, me siento débil, pero satisfecha, espero haberles sido de utilidad. Señor Viento, sólo le pido que vuelva a soplar en la misma dirección que tomaron mis hermanas, es hora de partir.
-La Tierra dijo- Gracias, no olvides pasar a refrescarnos de vez en cuando, y de paso alimentar a la Rama.
Ahora tú, aquí viene la parte más importante, tendrás que esperar; ésta ramita en el momento que lo crea conveniente, y si cuidas bien de ella, podrá servirte, pero deberás tener paciencia, cubrirá las tarde caprichosas del Sol.
Anda, vuelve en un tiempo, aquí estaremos esperando a tu regreso.
fernando v.