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Plantado frente al monitor, sin una remota idea de que escribir, un dedo sostiene el pómulo izquierdo mientras el resto la barbilla, pasan los minutos y un desfile de malas ideas marcha frente a mi.
Toco el teclado, escribo algunas palabras para ver si sale algo, pero nada, sólo otra idea sin sentido. Pasan más minutos y la frustración asoma expectante, acercándose con calma con cada palabra errada.
Me levanto, tomo agua, regreso, me siento; pienso y no lo encuentro.
Juego a chocar mis rodillas, pero no sirve de nada, toco las teclas con la yemas de los dedos con suavidad; así menos. Me pongo el gorro y me lo quito, otra veza me lo pongo y otra vez me lo quito… nada.
Palabras van, palabras vienen, pero nada que realmente sea complaciente. Después de mucho rato, termino escribiendo una estupidez, acerca de mi frustración frente al teclado.
fernando v.
¡Momento! -dije al Viento- es hora de poner un grito de desesperación en tu espacio. Te pido permiso para quebrantar tu silencio.
Anda, hazlo -decía el Viento -.
No, lo he olvidado, la luz molesta hasta el más inspirado; quisiera gritarle al Sol para pedirle clemencia… vive lejos y no me escucha.
-La Tierra me habló- olvida a esa enorme bola arrogante, siempre queriendo estar por encima de nosotros, y muy lejos, según, nunca tiene tiempo para escucharnos, pues dice que el tiempo no le es suficiente; yo pienso que sólo le gusta hacer lo que quiere.
Yo te puedo ayudar –me seguía hablando la Tierra- pero necesito al amigo Viento ¿qué dices amigo Viento? Mmmmm –el Viento soplaba pensante- en qué puedo ayudar, no se hacer otra cosa más que soplar.
-La Tierra replicó- tu talento es soplar, de ti depende saberlo usar. –Gira su mirada, y me observa cómo pensando en lo que desea decirme- tú, ve y toma esa pequeña Rama medio seca, cava en mí, introduce el tallo y vuelve a taparlo, nomás no la aprietes. –La Rama agonizante gritaba aterrorizada- ¿no les parece suficiente el dolor que padezco? Estoy muriendo, déjenme en paz.
Calla rama, y tú no hagas caso, métela en mi cuerpo, pero hazlo con delicadeza –dirigiéndose a mí la tierra-.
¡Aaaah! Duele.
¡Te dije que lo hicieras con cuidado! Estás haciendo sufrir a la rama.
Lo siento –le dije-.
Todos ustedes son iguales, viven, cómo si fueran los únicos con necesidades y sentimientos –yo sólo agachaba la cabeza e intentaba acomodar con más cautela, mientras la Tierra me regañaba-. No se por qué te ayudo, pero tengo que hacerlo, estoy para servir y no servirme.
-Justo cuando terminé de acomodar a la Rama, la Tierra exclamó- Viento, es hora de que hagas tu parte, sopla, y llama a la prima Nube, busca la más gris y tráela aquí. –En eso el Viento rompió su silencio, sopló, y a la vez dijo- ahhh, ya entiendo, lo haré con todo gusto.
-Pasó un rato, antes de que el Viento trajera a la nube, que se resistía y decía- Déjame… ¿Por qué me traes aquí? Me has apartado de mis hermanas. –A lo que el Viento respondió- necesitamos de tu ayuda, nuestra amiga Tierra necesita de agua para alimentar a la agonizante rama que ves ahí. ¿Aceptas?
Bueno, no tolero ver sufrir, así que si me permiten un momento y tomando la oportunidad de que el sol está más presumido que de costumbre, tomaré otro poco de vapor, me hace falta más carga, sólo te pido Viento, dejes de soplar, pues no permites al Sol calentar lo suficiente, así tardaremos menos.
-Después de pasadas unas horas la somnolienta Nube despierta, más oscura que hace un rato- Bien, creo que ya es hora, así que quién no se quiera mojar, que se aparte. –Por varios minutos soltó un torrente, cubriendo al Sol durante ese tiempo, sólo se veían a los animales y muchas personas huyendo de las gotas, en busca de refugio-.
-Pasado el tiempo, la nube dijo- He terminado mi favor, me siento débil, pero satisfecha, espero haberles sido de utilidad. Señor Viento, sólo le pido que vuelva a soplar en la misma dirección que tomaron mis hermanas, es hora de partir.
-La Tierra dijo- Gracias, no olvides pasar a refrescarnos de vez en cuando, y de paso alimentar a la Rama.
Ahora tú, aquí viene la parte más importante, tendrás que esperar; ésta ramita en el momento que lo crea conveniente, y si cuidas bien de ella, podrá servirte, pero deberás tener paciencia, cubrirá las tarde caprichosas del Sol.
Anda, vuelve en un tiempo, aquí estaremos esperando a tu regreso.
fernando v.
Un viejo cuenta cuentos, ya cansado de la vida, pero con un rostro de satisfacción por haberla vivido bien, contaba otro de sus tantos cuentos. Narrando a fragmentos, tomándose un tiempo.
De caminantes, caballos, aves herreros y pobres. Un cuento cómo siempre tan entretenido, igual que el resto; los niños los miraban con asombros, percibiendo cada emoción de los personajes contados. Se les veía reír, se les veía llorar, se les veía gritar del susto, has de frio y sudor, igual que ellos.
A un lado una taza de café ya tibio, después del segundo cuento, ni a la mitad llegaba, pues el viejo se concentraba más en recordar, o aumentar los cuentos, que en tomar la taza y beber de ella.
Un perro paso excitado, ansioso y contento; con ganas de jugar, pasando a tumbar la mesita del viejo donde estaba el café. Cortó de un tajo el cuento, y la misma inspiración del cuentista. Haciendo uso de las más agradables bondades del idioma, regañaba al perro, mientras los niños reían sin poder sostener la respiración; el perro, sólo agitaba la cola y la draba de su todavía excitación.
El viejo tomaba su bastón, para levantarse, y dejar notar su presencia sobre los niños sentados en el suelo; se dio vuelta, camino unos pasos en silencio para sólo levantar la mirada y perderla en ese naranja atardecer.
fernando v.
A través de mis ojos percibo el entorno… no escucho, no siento; ni hablo ni huelo. Me limito a sólo proyectar mi ser por medio de la mirada; donde sólo pienso y no implemento. Mis piernas no sirven y, mis manos y cuello tampoco. No giro, no vuelvo; sólo detengo mi contemplar del viento.
No lloro… y tampoco grito, ni rio, ni hablo, ni asusto, ni toco, ni bebo, ni suspiro, ni enfurezco, ni corro, ni nado… ni nada de lo que te puedas imaginar.
Sólo vivo del pensar de mi pequeño gran mundo fantástico visceral.
fernando v.
Otro rescate más de mi antiguo blog, con algunas correcciones de ortografía por eso de las prisas al momento de escribir, espero lo disfruten. Un saludo!
El mal necesita del bien para vivir, así que luchará por siempre pero nunca vencerá, pues perdería el sentido de su existencia; no así el bien, que claramente equilibra sus fuerzas, pero jamás necesitará de él.
fernando v.
Tomé la colilla, de en medio de las demás, para darme cuenta de que no la habían terminado. Con ese característico perfume de tabaco quemado; doblado y roto. El cenicero parecía lucirse, cómo si fuera todo un espectáculo lo que muestra; de forma triangular, posa los rollos de papel, las cenizas y algunos cerillos consumidos.
Para algunos hediondo, otros un placer; figuraba hacia el cielo flotando sin forma simétrica, de gris claro y transparente, y otra vez ese olor a tabaco quemado.
Un pequeño conglomerado, que rodeaba al cenicero, posado en una mesa de centro. Volaban la palabras, las disputas y opiniones… de política, niñez, sabiduría y hasta las burlas o chistes insanos.
Un love, y dos individuales, llenos, además de uno aplanando el piso, todos con un vaso o una copa al coro del ¡salud!… tomándose el tiempo para aclarar la garganta. Una sensual botella de lindas curvas, con conciencia negra, otra larga y a la mitad.
No olvidando la botella de verde conciencia, gaseosa y transparente; hielo.
Era otra noche de fin de semana, a media luz, con sonidos de Miles , Telonius, Sinatra y hasta pesado, los tigres y el chente. Con unas cartas en esa mesa de caoba, monedas, botones y semillas.
fernando v.
