Se preparaba para empezar otro día, mientras admiraba la oscuridad por sus párpados cerrados y pensaba en unos momentos más de reposo. A un lado, la máquina, esperando segundo a segundo con la misma paciencia de siempre, para soltar por segunda vez su canto estridente, inmóvil, pero concentrada y con una frialdad pasmosa que difícilmente se podría decir “de ella brota un aullido horroroso”.
Antes de que la máquina de horror empezara con su concierto, decidió levantarse, se sentó a un lado de la cama y estiró un poco su brazo, tomó un vaso e intentó beber; para su sorpresa no había agua y es que no recordaba que la noche anterior la había bebido toda por la intranquilidad de pasar una mala noche.
Molesto, se levantó completamente y se dirigió a la cocina, no si antes dar a los músculos un poco de estiramiento. Después de beber el agua se asomó por la ventana quitando un poco la cortina para no ser deslumbrado, aún estaba oscuro en la casa, aunque ya casi daban las 12 de día.
Minutos después, deambulando un poco por las habitaciones sin reaccionar todavía, el señor de manecillas se hacía notar; cómo pudo, y con una molestia mayor se dirigió a su recámara para apagar el escándalo.
Para ese entonces se daba cuenta de un dolor en su pecho y cabeza.
Sábado, y pensaba en llegar un poco tarde al trabajo, la noche anterior la había pasado en festejo. Preparó la regadera, y se duchó en un tiempo digno de una marca olímpica, tomo ropa sin pensarlo mucho y se vistió.
Todavía no terminaba de abrocharse la camisa y ya estaba en la cocina buscando algo fuerte para levantarse ese ánimo que arrastraba. Con una cerveza con improvisados huevos con jamón y mucho chile verde, al comer bien pudo haber batido otra marca olímpica.
Se puso los zapatos mientras limpiaba sus dientes, enjuague y carrera hacia la puerta, bajando las escaleras desde ese cuarto piso, al último escalón, con una pisada débil, se vio seguido de un clavado para retrato, azotando y derrapando en el concreto, tirando todas sus cosas y con la ropa algo manchada, sin pensarlo mucho con algo que no se sabía si eran murmullos o gruñidos, corrió a la calle para tomar un taxi, para al final darse cuenta que estaba en su día libre.
fernando v.

No comments yet
Feed de los comentarios de este artículo