Intentaré escribir las palabras más simples, me duele mucho, y no se si pueda escribir demasiado o almenos lo suficiente. Hoy, hace un rato, se fue una de las entidades más importantes que he tenido en mi vida, falleciendo de una manera totalmente desagradable. Mi perro, mi compañero, mi ánimo, mi amigo, mi hermano; no era sólo una mascota para mí, o bueno, para la familia, él desde que llegó a la casa hace más de 14 años fue cómo un hijo para mis padres y un hermano para nosotros.

Pido a Dios por él, por que lo lleve a un mejor lugar que el de aquí, un lugar donde sea feliz, donde lo valoren y lo cuiden cómo nosotros no pudimos, a un lugar donde no sufra de las atrocidades de éste mundo.

Mi perro, te quiero dar las gracias por todo, tú hiciste más por mí de lo que yo podría haber hecho por tí… te quiero mucho, ojalá me puedas perdonar.

Adios y espero volverte a ver algún día, te extrañaré.

fernando v.

Se preparaba para empezar otro día, mientras admiraba la oscuridad por sus párpados cerrados y pensaba en unos momentos más de reposo. A un lado, la máquina, esperando segundo a segundo con la misma paciencia de siempre, para soltar por segunda vez su canto estridente, inmóvil, pero concentrada y con una frialdad pasmosa que difícilmente se podría decir “de ella brota un aullido horroroso”.

Antes de que la máquina de horror empezara con su concierto, decidió levantarse, se sentó a un lado de la cama y estiró un poco su brazo, tomó un vaso e intentó beber; para su sorpresa no había agua y es que no recordaba que la noche anterior la había bebido toda por la intranquilidad de pasar una mala noche.

Molesto, se levantó completamente y se dirigió a la cocina, no si antes dar a los músculos un poco de estiramiento. Después de beber el agua se asomó por la ventana quitando un poco la cortina para no ser deslumbrado, aún estaba oscuro en la casa, aunque ya casi daban las 12 de día.

Minutos después, deambulando un poco por las habitaciones sin reaccionar todavía, el señor de manecillas se hacía notar; cómo pudo, y con una molestia mayor se dirigió a su recámara para apagar el escándalo.

Para ese entonces se daba cuenta de un dolor en su pecho y cabeza.

Sábado, y pensaba en llegar un poco tarde al trabajo, la noche anterior la había pasado en festejo. Preparó la regadera, y se duchó en un tiempo digno de una marca olímpica, tomo ropa sin pensarlo mucho y se vistió.

Todavía no terminaba de abrocharse la camisa y ya estaba en la cocina buscando algo fuerte para levantarse ese ánimo que arrastraba. Con una cerveza con improvisados huevos con jamón y mucho chile verde, al comer bien pudo haber batido otra marca olímpica.

Se puso los zapatos mientras limpiaba sus dientes, enjuague y carrera hacia la puerta, bajando las escaleras desde ese cuarto piso, al último escalón, con una pisada débil, se vio seguido de un clavado para retrato, azotando y derrapando en el concreto, tirando todas sus cosas y con la ropa algo manchada, sin pensarlo mucho con algo que no se sabía si eran murmullos o gruñidos, corrió a la calle para tomar un taxi, para al final darse cuenta que estaba en su día libre.

fernando v.

Ya enchilado, les dejo otro más; bastante ingenioso. A disfrutar.

fernando v.

Creo recordar haber visto éste cortometraje hace un par de años, aunque no le presté la atención actual, y tampoco lo aprecie cómo tal. Vincent, obra de Tim Burton, es el primero de sus cortometrajes, mientras hacía sus pininos en aquel tiempo (1982) en Disney.

Inspirándose y homenajeando a uno de sus personajes favoritos (Vincent Price), da un probada de lo que serían sus siguientes trabajos, que hasta la fecha podemos ver (espero con ansias su propia versión de Alice). Con una voz en off narrando, del mismísimo Price, dándole al corto una profundidad adecuada, aunque es una pena que no haya podido encontrar la versión original con subtítulos en español, y no ésta que le falta penetración.

No hablaré mucho del trabajo, sólo les dejo el enlace para que disfruten éste genial sueño llevado a la realidad.

Éste es mi obsequio de Navidad y Año Nuevo, no sabía que poner; gracias mis lectores, y espero que disfruten de este pedazo.

Un saludo!

fernando v.

¡Momento! -dije al Viento- es hora de poner un grito de desesperación en tu espacio. Te pido permiso para quebrantar tu silencio.

Anda, hazlo -decía el Viento -.

No, lo he olvidado, la luz molesta hasta el más inspirado; quisiera gritarle al Sol para pedirle clemencia… vive lejos y no me escucha.

-La Tierra me habló- olvida a esa enorme bola arrogante, siempre queriendo estar por encima de nosotros, y muy lejos, según, nunca tiene tiempo para escucharnos, pues dice que el tiempo no le es suficiente; yo pienso que sólo le gusta hacer lo que quiere.

Yo te puedo ayudar –me seguía hablando la Tierra- pero necesito al amigo Viento ¿qué dices amigo Viento? Mmmmm –el Viento soplaba pensante- en qué puedo ayudar, no se hacer otra cosa más que soplar.

-La Tierra replicó- tu talento es soplar, de ti depende saberlo usar. –Gira su mirada, y me observa cómo pensando en lo que desea decirme- tú, ve y toma esa pequeña Rama medio seca, cava en mí, introduce el tallo y vuelve a taparlo, nomás no la aprietes. –La Rama agonizante gritaba aterrorizada- ¿no les parece suficiente el dolor que padezco? Estoy muriendo, déjenme en paz.

Calla rama, y tú no hagas caso, métela en mi cuerpo, pero hazlo con delicadeza –dirigiéndose a mí la tierra-.

¡Aaaah! Duele.

¡Te dije que lo hicieras con cuidado! Estás haciendo sufrir a la rama.

Lo siento –le dije-.

Todos ustedes son iguales, viven, cómo si fueran los únicos con necesidades y sentimientos –yo sólo agachaba la cabeza e intentaba acomodar con más cautela, mientras la Tierra me regañaba-. No se por qué te ayudo, pero tengo que hacerlo, estoy para servir y no servirme.

-Justo cuando terminé de acomodar a la Rama, la Tierra exclamó- Viento, es hora de que hagas tu parte, sopla, y llama a la prima Nube, busca la más gris y tráela aquí. –En eso el Viento rompió su silencio, sopló, y a la vez dijo- ahhh, ya entiendo, lo haré con todo gusto.

-Pasó un rato, antes de que el Viento trajera a la nube, que se resistía y decía- Déjame… ¿Por qué me traes aquí? Me has apartado de mis hermanas. –A lo que el Viento respondió- necesitamos de tu ayuda, nuestra amiga Tierra necesita de agua para alimentar a la agonizante rama que ves ahí. ¿Aceptas?

Bueno, no tolero ver sufrir, así que si me permiten un momento y tomando la oportunidad de que el sol está más presumido que de costumbre, tomaré otro poco de vapor, me hace falta más carga, sólo te pido Viento, dejes de soplar, pues no permites al Sol calentar lo suficiente, así tardaremos menos.

-Después de pasadas unas horas la somnolienta Nube despierta, más oscura que hace un rato- Bien, creo que ya es hora, así que quién no se quiera mojar, que se aparte. –Por varios minutos soltó un torrente, cubriendo al Sol durante ese tiempo, sólo se veían a los animales y muchas personas huyendo de las gotas, en busca de refugio-.

-Pasado el tiempo, la nube dijo- He terminado mi favor, me siento débil, pero satisfecha, espero haberles sido de utilidad. Señor Viento, sólo le pido que vuelva a soplar en la misma dirección que tomaron mis hermanas, es hora de partir.

-La Tierra dijo- Gracias, no olvides pasar a refrescarnos de vez en cuando, y de paso alimentar a la Rama.

Ahora tú, aquí viene la parte más importante, tendrás que esperar; ésta ramita en el momento que lo crea conveniente, y si cuidas bien de ella, podrá servirte, pero deberás tener paciencia, cubrirá las tarde caprichosas del Sol.

Anda, vuelve en un tiempo, aquí estaremos esperando a tu regreso.

fernando v.

Un viejo cuenta cuentos, ya cansado de la vida, pero con un rostro de satisfacción por haberla vivido bien, contaba otro de sus tantos cuentos. Narrando a fragmentos, tomándose un tiempo.

De caminantes, caballos, aves herreros y pobres. Un cuento cómo siempre tan entretenido, igual que el resto; los niños los miraban con asombros, percibiendo cada emoción de los personajes contados. Se les veía reír, se les veía llorar, se les veía gritar del susto, has de frio y sudor, igual que ellos.

A un lado una taza de café ya tibio, después del segundo cuento, ni a la mitad llegaba, pues el viejo se concentraba más en recordar, o aumentar los cuentos, que en tomar la taza y beber de ella.

Un perro paso excitado, ansioso y contento; con ganas de jugar, pasando a tumbar la mesita del viejo donde estaba el café. Cortó de un tajo el cuento, y la misma inspiración del cuentista. Haciendo uso de las más agradables bondades del idioma, regañaba al perro, mientras los niños reían sin poder sostener la respiración; el perro, sólo agitaba la cola y la draba de su todavía excitación.

El viejo tomaba su bastón, para levantarse, y dejar notar su presencia sobre los niños sentados en el suelo; se dio vuelta, camino unos pasos en silencio para sólo levantar la mirada y perderla en ese naranja atardecer.

fernando v.